Reinventando el Futuro

Cuando el día 15 de marzo de 2020 a las 22:00, salió el Presidente del Gobierno a ofrecer la Declaración Institucional más importante de la democracia todo nuestro mundo cambió. Muchos de nosotros llevábamos ya unos dias modificando nuestras costumbres, habilitando nuestras casas para permanecer más o menos voluntariamente para ser habitada 24/7 por compromiso con nuestra sociedad, pero ese preciso momento y más concretamente a las 00 horas del día 16 de marzo con la publicación en el BOE del decreto de alarma toda nuestra vida cambio. 

De la noche a la mañana algo tan natural como salir a la calle sin miedo había desaparecido y nos enfrentaremos a ser requeridos por la policía y sancionados administrativamente por ello. Aquellos viejos recuerdos de nuestros mayores que no disfrutaron de los derechos que para nuestras generaciones son innatas habían desaparecido. 

Pertenezco a esos sectores en los que las autoridades no nos han parado ( o no del todo) y que se nos alienta a trabajar de manera telemática (o como se llama ahora teletrabajar desde casa) estemos o no preparados para ello. 

El mundo de los negocios y en particular el sector de la abogacía NO ESTÁ PREPARADA o por lo menos la mayoría de ella, para abrazar de la noche a la mañana el trabajo digital. 

Durante la última década los avances tecnológicos en la abogacía han sido cada vez más habituales (lexnet, legalmarket, legaltech, programas de gestión de despachos, jurisprudencia telemática, sedes electrónicas….). Pero dichos progresos tecnológicos no ha seguido un proceso estructurado, ordenado y con vocación de mejorar y actualizar el sistema, sino que más bien ha sido caótico y desordenado arrojando mucha más incertidumbre al procedimiento, creando más problemas que soluciones y desalentando de manera progresiva al uso normalizado de las tecnologías a un sector que ya de por sí es reaccio a incorporar a su vida profesional novedades. 

En mi modesta opinión, la tecnología, las innovaciones tecnológicas debe ir siempre acompañado de un cambio en los propios procesos de trabajo para que su implementación se haga de forma natural y de verdad tenga un calado importante. 

No tenemos que buscar mucho para encontrar ejemplos de esta falta para encontrar ejemplos de esto. Cuando “lexnet” apareció en la vida de los abogados y procuradores iba a suponer el cambio más trascendental en el sector legal y la idea es muy buena pero con tantos errores que ha supuesto un problema antes que un avance. El poder recibir las notificaciones en tu ordenador, en vez de esperar que un agente judicial aparezca en la puerta de tu despacho es un avance, pero para ello el programa tiene que funcionar en cualquiera de los sistemas que los abogados y procuradores, no en unos pocos. Por otra parte, poder presentar un escrito en cualquier juzgado del territorio español es un gran avance pero ya no lo es tanto, si el propio procedimiento te obliga a presentar tantas copias como partes en PAPEL, esta situación tan ilógica es uno de los problemas que nos encontramos los abogados y procuradores todos los días y el problema radica en que un avance tan maravilloso queda truncado por la falta de medios para hacer un buen programa y sobretodo, la falta de un cambio en el proceso que lo coordine. 

Hoy en día la mayoría de las actividades que un abogado realiza ( redacción de documentos, estudio de asuntos, presentación de documentos, hablar con los clientes, captación de clientes….) se puede realizar de forma telemática, desde la comodidad de nuestro escritorio. Desde que empecé a ejercer esta bonita profesión oía a los mayores una frase que no llegue a entender hasta hace poco “la soledad del abogado” y es cierta pero en vez de ser una molestia puede ser una verdadera oportunidad de modernizar nuestra profesión y adentrarnos en el S.XXI. 

Cambiar nuestra forma de ver la profesión puede hacer que los que estamos dispuestos a abrazar esta revolución impuesta por el Covid 19 y ver que esto es más una oportunidad que una crisis, que los paradigmas del abogado (sentado en un escritorio 8 horas) han caducado y que debemos ser más productivos, más eficaces y con menos costes fijos.

Pero para ello, debemos solucionar todavía muchas barreras que todavía tenemos, muchas creencias de que la profesión no da para más y que todo está inventado y ser mucho más creativos, más imaginativos y revolucionarios para dar un mejor servicio al cliente que demanda profesionales más integrales y competitivos. 

Siempre he pensado que esta profesión debe ser diferente, que los clientes que acuden a la puerta del despacho son cada vez menos y sin embargo crecen los que buscan al profesional por internet. 

Para todo esto, tenemos que tener claro que nuestros propios procesos productivos tienen que cambiar, que la era del papel ha muerto y que es mucho más eficaz la digitalización y el uso de las tecnologías. 
Animo a todos los compañeros a reformular sus despachos, a redefinir la forma en que entendemos nuestra profesión y hacer nuestras todas los avances que tenemos para ser mejores y más eficaces profesionales porque es lo que nos demandan es el futuro.