A 31 de diciembre de 2017, en España hay 256.644 abogados colegiados en los distintos colegios de abogados repartidos por toda la geografía del país. De esas 256.644 personas, 154.573 somos ejercientes, o lo que es lo mismo su actividad principal se encuentra encuadrada en el asesoramiento y defensa judicial o por lo menos legal a personas y empresas.

La forma de ejercer la profesión que tenemos esos 154.573 puede variar entre trabajar por cuenta ajena o propia y hacerlo para despachos profesionales de abogados o en empresas como la figura en auge del cómplice.

En mi caso y en la de otros muchos compañeros con los que comparto profesión, ejercemos la abogacía de manera propia dirigiendo nuestros propios despacho que en la mayoría de los casos son unipersonales y pequeños.

La abogacía ejercida de esta manera, propia y de manera solitaria, es el paradigma de nuestra profesión, la cual siempre ha sido considerada una profesión solitaria, encerrada en nuestros despachos pequeños y centrados mayoritariamente en la litigación o pleiteración de asuntos en nuestras ciudades de origen.

La figura del abogado individual de la cual se ha nutrido nuestra profesión durante tantos años, provoca que nos tengamos que hacer cargo de absolutamente TODO lo relacionado con nuestra profesión, desde la redacción de las demandas hasta la facturación pasando por la limpieza de nuestras pequeñas instalaciones.

Era habitual observar por las ciudades de todo el país las típicas placas de latón doradas en las que aparecía un nombre seguido de la palabra “abogado”.

En los últimos años la tendencia está cambiando e incluso, las malas lenguas auguran que la figura del abogado individual está condenada a extinguirse por falta de adaptación a las nuevas necesidades del mercado.

Y es que, en verdad, el mercado legal está cambiando a gran velocidad siendo muy difícil la adaptación de nuestros pequeños despachos a las necesidades que van surgiendo y al nuevo estilo de cliente que nos encontramos.

Han quedado atrás las viejas estrategias de montar un pequeño despacho y esperar a que los clientes acudan a tocar la puerta para confiarte un asunto. Aunque el boca a boca sigue siendo una tendencia habitual y muchos de los asuntos que se recepcionan son gracias a la recomendación de un antiguo cliente, la realidad es que la nueva tendencia es que cada vez es más necesario salir a buscar clientes y fomentar la figura del abogado comercial.

La tendencia de que cada vez queda menos pastel para repartir entre los abogados individuales es una realidad más que una tendencia promovidas por las alianzas entre compañeros que deciden unir sus fuerzas para ser más grandes y conseguir una posición más competitiva frente a los grandes despachos locales y nacionales que cada vez son más habituales en los juzgados españoles.

El desembarco de los grandes despachos debilitan la posición de los pequeños despachos que aunque juegan en ligas menores y ven como inalcanzables asuntos lucrativos que en casi su totalidad son captados y tramitados por estas grandes firmas centralizadas en las grandes ciudades, los abogados unipersonales o las alianzas de estos se centran sobre todo en la captación de los asuntos de menor calado y trascendencia que son el motor y el modo de vida de muchos de nosotros.

En mi opinión, la figura del abogado individual es más necesaria que nunca, siempre y cuando se acepten los nuevos retos y se trabaje por encontrar un sitio diferenciado dentro de la segmentación de este mercado.

Uno de los principales retos a los que tenemos que hacer frente los abogados individualizados radica en el servicio diferenciado de los clientes. Para el abogado individual cada cliente que acude a nuestro despacho es importante y vital y nuestro servicio tiene que estar centrada la atención personalizada y prioritaria. El cliente debe sentirse acompañado a lo largo de todo el procedimiento, escuchado y comprendido. La gran diferencia con los abogados de las grandes firmas es que nosotros estamos a pie de calle y podemos ofertar un servicio mucho más cercano pudiendo acercar el derecho de manera más clara y didáctica al cliente. Debemos entender que la relación de confianza abogado-cliente no sólo tiene que reducirse al día de la vista o al día del pago de la minuta, sino que tenemos que ser el soldado fiel que pelea por los intereses del cliente.

La buena estrategia económica es el segundo reto que debemos abordar y aceptar el abogado individualizado. Los procedimientos judiciales de media suelen prolongarse por lo menos 6 meses, lo que supone que si el abogado individual adopta una estrategia de no cobrar al cliente hasta el final del asunto, supone que el abogado debe sobrevivir durante 6 meses sin cobrar un duro por el asunto y trabajar en el mismo. Los grandes despachos cuentan con capacidad económica-financiera para poder realizar este tipo de estrategias sin ningún problema, pero sin embargo para los abogados más pequeños esto supone un perjuicio que muchas veces supone la contratación por parte cliente. Una buena opción radica en el punto medio, en el que entra en escena la “provisión de fondos” o lo que es lo mismo, el adelanto de una cierta cantidad de dinero por parte del cliente a cuenta del presupuesto final, que supone que el abogado pueda aguantar hasta la finalización del procedimiento.

La especialización de los servicios unido a la generalidad estructural. La gran diferencia que existe entre las grandes firmas y los pequeños despachos o abogados unipersonales reside principalmente en los tipos de asuntos de los que nos podemos hacer cargo. La especialización en un tipo de asuntos o de jurisdicción implica por una parte el amplio conocimiento de la materia y de las particularidades existentes, pero a su vez provoca un menor número de casos a los que atender ya que hay que esperar a que surjan. Es por ello, que muchos de nosotros nos especializamos en una materia, pero aceptamos de forma simultánea otros que no supongan una profundización en la materia para completar nuestra cartera.

Por último, otro de los retos a los que debemos hacer frente son las alianzas duraderas o colaboraciones esporádicas entre compañeros. Como se ha mencionado antes, la tendencia actual consiste en unir fuerzas con otros abogados creando despachos más grandes y más productivos, o la colaboración esporádica para casos concretos. Esto provoca un nuevo reto que consiste en no sólo en unirse de cara al nombre comercial a utilizar, sino a unificar cartera, forma de trabajo y acuerdos económicos remuneratorios. Las alianzas como las colaboraciones deben ser estudiadas minuciosamente ya que si no salen bien dar marcha atrás suele ser más costoso. Decidir unirse a un socio es peligroso sino queda reflejado en un documento todos los puntos importantes y conflictivos como la forma de trabajo, el porcentaje sobre beneficios y sobre costos.

 

Aun con todos estos retos y dificultades en mi opinión, la desaparición del abogado individual está bastante lejos de materializarse ya que se puede combatir con las oportunidades que actualmente existen para poder posicionarse en un mercado cada vez más segmentado y creciente de oportunidades que hace poco más de cinco años no existían.

 

Digitalización a bajo nivel. Una de las oportunidades que podemos encontrar es la capacidad de tener nuestro despacho completamente digitalizado y accesible en todo momento. Los abogados individuales no manejamos gran volumen de asuntos, por lo que con muy poca inversión que principalmente se materializa en equipo y tiempo. Esto provoca que el abogado pueda trabajar desde el juzgado, desde casa o desde otra ciudad sin necesidad de llevarse consigo grandes cantidades de papeles o expedientes. La digitalización ha supuesto un antes y un después no solo en los despachos pequeños sino en el sector en general facilitando la flexibilidad del trabajo del abogado. Esto unido a la obligación de presentar los documentos legales o administrativos por las sedes electrónicas o el sistema LEXNET han beneficiado a los abogados que ya no tienen que estar atados a la mesa del despacho, sino que facilita su movilidad.

 

Promoción y marketing (auge de la marca personal) La promoción, publicidad y marketing ya no es cosa de los despachos grandes que podían invertir grandes cantidades de dinero en publicidad para dar más visibilidad a su despacho. La generalización de internet junto a la proliferación de páginas de captación de clientes ha proporcionado a los despachos pequeños y en particular a los abogados individuales una plataforma y un altavoz para poder promocionarse más allá del grupo de personas más cercano. Estas páginas permiten la promoción y la diferenciación del abogado ofertando servicios de calidad a un precio razonable y no teniendo que limitarse al área geográfica de su despacho.

 

Deslocalización geográfica.  Una nueva tendencia actual consiste en no solo aceptar asuntos dentro del área de influencia o trabajo circunscrita al despacho físico, sino que gracias a la promoción y a la digitalización, los abogados podemos ampliar nuestra cartera de negocio allá donde exista el trabajo y compense ir. Es por ello que el abogado individual tiene mayor flexibilidad a la hora de escoger los asuntos siempre y cuando pueda compaginar su actividad dentro del despacho con la de viajar de forma laboral. Incluso actualmente se está rompiendo con la idea de despacho tradicional y cada vez más abogados no disponen de despacho propio y trabajan desde su propio domicilio acudiendo esporádicamente a recibir clientes a un despacho compartido o coworkings.

 

Todo esto deja patente que el sector legal está cambiando y que lo seguirá haciendo muy rápidamente, pero no necesariamente los abogados individuales tenemos los días contados, sino que al igual que existen dificultades, también existen numerosas oportunidades que nos permiten tener un trozo del gran pastel.

Publicado por Borja Adrados

Abogado. Ejerzó mi profesión a caballo entre Valencia y Burgos. Especializado en Derecho Civil y Derecho Penal. En este blog hablare de la manera que entiendo el derecho.

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